
El pasado 19 de febrero, Natalia Lacunza recaló en Paral·lel 62, la sala anteriormente conocida como BARTS, en la que fue la quinta parada de su actual gira de salas, iniciada el 15 de enero en la Sala Capitol de Santiago de Compostela. La cita, además, formaba parte del Banco Mediolanum Festival Mil·lenni, consolidando la noche como uno de los eventos destacados del ciclo barcelonés. A sus lados, como ya es costumbre, estuvieron Teresa Gutiérrez, más conocida artísticamente como Ganges, a los teclados y Paula Ruiz, alias Paula Mira, al bajo. Las tres colaboran de forma estable desde 2020 y se han convertido en una pieza clave para trasladar al escenario la identidad sonora de sus canciones.
Desde el primer minuto quedó claro que no sería un concierto al uso. Sin largas pausas ni discursos extensos salvo un brindis con el público, la cantante apostó por un formato muy directo: canción tras canción, sin apenas tregua, dejando que la música fuese el verdadero canal de comunicación con el público que llenaba su teléfono móvil de manera constante con clips de canciones de la artista. El repertorio arrancó con un claro protagonismo de su último trabajo, N2STAL5IA, cuyos temas fueron desgranándose con intensidad, marcando el pulso inicial del concierto.

A medida que avanzaba el concierto, Natalia Lacunza fue equilibrando el setlist con canciones más reconocidas de etapas anteriores, logrando que la sala coreara con la misma fuerza tanto lo nuevo como lo ya consolidado. La estructura del show estuvo medida al detalle: un arranque directo, seguido de tramos más calmados que permitieron bajar revoluciones pero sin perder atención. Fue en ese tramo medio donde se produjo uno de los momentos de mayor conexión emocional, con la interpretación de Otro culito, coreada con complicidad por un público entregado, si bien canciones como Cuestión de suerte son temas que siempre hacen animar al público.
La recta final llegó por todo lo alto cuando sonó PREFIERO, tema para el que Natalia Lacunza invitó al escenario a María Escarmiento. La aparición desató la euforia colectiva: la pista, completamente llena, estalló en saltos y gritos, todos los móviles se alzaron al aire en función grabado, convirtiendo el cierre en una auténtica celebración compartida que recordar.

Lo que quedó patente es que Natalia Lacunza ha encontrado una fórmula sólida y que funciona sobre el escenario, y que Barcelona es lugar de éxito para ella. La cantante combina distintos ritmos y tempos, jugando con la brevedad característica de las canciones actuales, sin renunciar a espacios donde desplegar matices vocales, íntimos y emocionales pero con letras juveniles y cercanas. Mantener la atención constante de un público mayoritariamente joven no es tarea sencilla, pero la artista demuestra dominar ese equilibrio entre inmediatez y construcción de atmósferas. En Paral·lel 62, volvió a confirmarlo.
Artículo de Eva Ladevesa (twitter.com/miviajemusical) para ElFiesta.es






