
Tigre y Diamante regresan con “Estafa Piramidal”, un nuevo álbum que marca un punto de inflexión en la trayectoria del grupo y los sitúa en una etapa de mayor profundidad artística. El disco combina tensión y fragilidad de una forma poco complaciente, llevando su universo sonoro y lírico hacia un terreno más complejo, incómodo y, al mismo tiempo, sorprendentemente sensible.
En el plano textual, la banda mantiene su lenguaje crudo y directo, pero lo afila aún más a través de una mezcla de poesía sucia, humor negro y un realismo descarnado que no esquiva las zonas más íntimas e inconfesables. Las letras miran de frente a la vulnerabilidad, a la obsesión y al desgaste emocional, sin ofrecer respuestas fáciles ni refugios morales. Musicalmente, las guitarras secas siguen siendo un pilar esencial, pero esta vez aparecen rodeadas de nuevas capas que levantan un muro sónico más denso, dentro del cual emerge una fragilidad pop que apenas se intuía en trabajos anteriores.
Los once temas que componen “Estafa Piramidal” forman un conjunto poliédrico y diverso, donde cada canción aporta una perspectiva distinta sin romper la coherencia del álbum. En “Palomas entre halcones”, junto a Tania Pereira, el grupo construye una escena casi cinematográfica en la que la calma aparente convive con una amenaza constante que nunca termina de materializarse. En cambio, “Amanecer en la playa”, con Srta. Trueno Negro, funciona como un striptease emocional que desvela rutinas quebradas y recuerdos que arrastran tensiones antiguas.
La crítica social aparece de forma contundente en “Los asesinos de tus hijos”, una canción que utiliza imágenes brutales y símbolos reconocibles para cuestionar la cultura popular y la normalización de la violencia, desde una mirada política sin consignas explícitas. En “Albino busca sexo”, Tigre y Diamante se mueven entre la provocación y una ternura torcida, retratando personajes que avanzan pese a estar siempre al borde de la ruptura.
El disco también reserva espacio para la introspección. “Minutos musicales” introduce una sensibilidad más contenida, mientras que “Soy adicto”, junto a Nacho Vegas e Igor Paskual, se convierte en uno de los momentos más crudos del álbum. En esta pieza, la obsesión se expone como un inventario de impulsos que algunos gritan sin pudor, mientras otros prefieren silenciar. El humor negro reaparece en “Quieres ser mi amigo”, donde relaciones desajustadas y afectos forzados generan una incomodidad emocional que se estira hasta volverse casi dolorosa.
“Represalias químicas” destaca como el corte más atmosférico y perturbador del disco, con un paisaje aparentemente bucólico que lejos de ofrecer refugio, devuelve un reflejo aún más duro de la realidad. En “Ámame de viernes (Tic-Tac)”, el grupo juega con la memoria y el paso del tiempo, poniendo el foco en esos pequeños gestos que hacen que incluso el cuerpo recuerde lo que la mente preferiría olvidar. “Los lunes no te quiere nadie” retrata el desgaste sentimental desde una resignación que, en ocasiones, duele más que una ruptura abierta. El momento más luminoso y pop llega con “Contigo”, junto a Milana Bonita, donde la nueva sensibilidad del grupo se manifiesta con mayor claridad sin perder su carácter reconocible.
Con “Estafa Piramidal”, Tigre y Diamante consolidan su lugar dentro del actual pop de guitarras, no por defender fórmulas establecidas, sino por mantenerse fieles a un lenguaje propio que combina aspereza y vulnerabilidad. El álbum brilla bajo ese foco sucio que define a la banda, con melodías luminosas que contrastan con la oscuridad de los textos y construyen una voz nihilista que no busca cerrar heridas, sino acompañar al oyente a través de un territorio emocional incómodo y honesto. No es sencillo crear un disco que golpee y acaricie al mismo tiempo, pero en el caso de Tigre y Diamante, esa tensión forma parte esencial de su identidad artística.






