
Olvida la pulcritud orgánica y el pop amable. Mantra levanta un muro de sonido en «Modern Man», que ve hoy la luz como último aviso antes de la llegada de «Plastic Boys». Construida sobre un latido artificial que asciende hasta el estallido, la canción es una viñeta lo-fi que captura la fragilidad de quien se disfraza de estrella del rock para sobrevivir al ruido moderno. Dos minutos de voltaje, sintetizadores analógicos y la insolencia necesaria para dinamitar la escena desde la periferia.
Mantra ha decidido que la mejor forma de sobrevivir al escaparate de lo vacío es, precisamente, abrazar la estética del simulacro. Con el estreno de «Modern Man» este 16 de enero, la banda mallorquina no solo entrega el último avance de su inminente EP «Plastic Boys», con fecha de colisión fijada para el 13 de febrero, sino que levanta un acta de rebeldía contra esta era de filtros y cartón piedra. Si en entregas anteriores el grupo se movía en una calidez amable, aquí el cuarteto opta por una colisión frontal entre el descaro del rock and roll y ese acabado sintético que define nuestro presente. Es el sonido de quien ha comprendido que, en un mundo de plástico, solo lo que se atreve a ser directo y crudo resulta verdaderamente honesto.
«Modern Man» funciona como una viñeta eléctrica de apenas dos minutos que captura la coreografía del autoengaño. La canción arranca desde una caja de ritmos primitiva y básica, un latido artificial sobre el que se van sumando capas en una dinámica ascendente constante hasta estallar en un muro de sonido. La letra nos sitúa frente a ese ejemplar en peligro de extinción que se enfunda en un disfraz de misticismo old school para salir a quemar la noche, buscando un refugio emocional bajo una coraza de estrella de rock. Es una ironía servida en frío: el hombre moderno como un individuo sensible que se protege tras una voz megafónica, rasgada y lanzada a chorro, sin exceso de tacto pero con toda la verdad.
La producción, orquestada en Calma Estudis por Franc Prohens y Josep Umbría, huye deliberadamente de la pulcritud orgánica para buscar texturas donde las guitarras distorsionadas se funden con el peso dominante de los sintetizadores lo-fi. Existe un juego consciente de contrastes, ya que una batería simple y real entra en escena para reforzar el drumkit artificial, creando un groove que fluctúa entre el indie internacional y el nervio de la Movida. Hay una insolencia necesaria en este nuevo lenguaje, donde un bajo melódico y contundente recuerda que el pop rock, cuando se toca con las vísceras, no necesita decoración innecesaria para dejar a la vista los cables y el voltaje.
Con «Plastic Boys», que llegará el próximo 13 de febrero, la formación integrada por Franc Prohens, Jaume Prohens, Mateu Del Rio y Sergi Tomas completa un mapa conceptual que bascula entre la introspección crítica y la chulería despreocupada. Entre homenajes implícitos al sonido británico y la energía de las guitarras de Nueva York, Mantra parece haber encontrado su lugar en la grieta que separa lo real de lo falso. Es en ese espacio ruidoso donde su propuesta de rock alternativo cobra pleno sentido: una descarga que prefiere la crudeza del error y la experimentación descarada a la perfección aséptica del algoritmo.
Si quieres, también puedo adaptarlo a un medio concreto, ajustar el titular o hacerlo ligeramente más informativo sin perder este tono editorial.






