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Mia Salazar ajoloteacto 3 la transformacin

La artista Mia Salazar, afincada en Estocolmo desde hace más de una década, presenta “Ajolote”, su nuevo sencillo y la primera entrega de un proyecto que promete desvelarse por partes. Se trata de una pieza que nace desde el duelo migratorio y la reconstrucción identitaria, una oda a la vulnerabilidad de quien deja atrás su hogar y debe aprender a regenerarse en un entorno completamente nuevo. Con esta canción, Mia inaugura una propuesta musical tan original como inesperada, donde las raíces mexicanas y andaluzas que trae de casa se fusionan con las influencias nórdicas adquiridas durante su largo exilio voluntario.

La canción se despliega como un autorretrato simbólico. El ajolote, esa criatura mexicana capaz de regenerar sus extremidades, se convierte en metáfora perfecta de la experiencia migrante: “Soy un ajolote en un país helado”. Desde ese primer verso, Mia sitúa al oyente en la dualidad que atraviesa toda su obra: la fragilidad de quien necesita ser sostenido —“me coges en tu mano, me cuidas de los malos”— y la fuerza regeneradora que permite sobrevivir a cualquier entorno, por hostil que sea. “Y si se me caen los brazos, me van a salir dos nuevos. Y si se me caen las piernas, me van a salir dos nuevas”. La capacidad de renacer, de recomponerse, de seguir adelante a pesar de las pérdidas, queda así enunciada con una claridad poética que conecta directamente con quien escucha.

El estribillo, con su repetición hipnótica de “Es demasiado tarde pa decir que no te quiero”, funciona como un ancla emocional que atraviesa toda la pieza. Ese “te quiero” no se dirige necesariamente a una persona; puede ser el hogar perdido, la identidad dejada atrás, el lugar al que quizá nunca se pueda regresar. Pero también puede ser la persona amada, la que sostiene, la que ayuda a sobrellevar el frío. La ambigüedad es deliberada y enriquece la experiencia de quien escucha, permitiendo múltiples capas de interpretación.

Musicalmente, “Ajolote” desafía cualquier intento de clasificación sencilla. Mia Salazar, que ha hecho del extranjero su forma de vida y allí ha compuesto, tocado y producido bajo sus propias reglas, arrastra sus canciones a terrenos poco complacientes pero mucho más interesantes. Su adolescencia, marcada por la escucha incesante de Pixies, Pavement y Radiohead, se deja sentir en esa valentía poco común para desacoplar una copla con un sintetizador desafinado, o para componer un huapango con toda su complejidad rítmica y hacerlo encajar en el territorio del trip hop con total naturalidad.

Escuchándola, parece normal que el espíritu de Martirio y Beth Gibbons convivan en la misma canción. Sorprende, pero no descoloca, que unas trompetas mariachis hagan pensar en el “Disintegration” de The Cure. Que un sonido frío y cortante que podrían haber parido Sigur Rós irrumpa en bulerías suena tan auténtico como original. Porque en la música de Mia Salazar todo parece conocido y extraño a la vez, familiar y radicalmente nuevo. Compone lejos del patrón actual sin renunciar a lo contemporáneo, y si hubiera que buscar un eslabón perdido entre Billie Eilish y Mecano, probablemente sería ella.

Sus canciones entran rápido; las melodías se quedan a la primera. Y sus letras están llenas de versos con pegada, con “barras” que golpean justo donde duele. Los versos surgen del duelo migratorio, pero abren un espacio donde puede reconocerse cualquiera que, en la búsqueda de un sueño, haya dejado atrás una identidad, un hogar, una respuesta a la pregunta “¿quién eres?”.

Mia canta con un carácter poco domesticado. Su timbre es único, su afinación impecable, y todo ello se mezcla con un fraseo libre que prioriza el matiz y la verdad emocional por encima del lucimiento. El resultado es una voz autoral, reconocible en cuanto entra, de esas que conmueven porque sabes que te están contando algo real. Algo vivido, algo sentido, algo que no admite impostura.

La artista lleva más de diez años en Estocolmo, y con el tiempo ha convertido lo que eran nuevas influencias en identidad. Una identidad que parte de las raíces mexicanas y andaluzas que ya traía de casa, pero que se ha ido transformando en contacto con el frío nórdico. Desde ahí, a través de un proceso creativo marcado por el duelo migratorio, nos entrega una obra que no se parece a nada de lo que suena hoy.

“Ajolote” es solo la primera entrega de un proyecto que se irá desvelando por entregas. Un canto a la vulnerabilidad migrante y una oda a la transformación. Después de esto, nada volverá a ser lo mismo. Porque, como repite la canción una y otra vez, ya será demasiado tarde para decir que no te quiero. Y en ese “demasiado tarde” se encierra toda la verdad de quien ha atravesado el fuego y ha salido transformada, dispuesta a regenerarse una y otra vez, como el ajolote, cuantas veces haga falta.

El sencillo ya está disponible en todas las plataformas digitales, invitando a sumergirse en ese universo de hielo y regeneración, de raíces y desarraigo, que Mia Salazar ha sabido construir con una honestidad y una originalidad fuera de lo común.

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                     Laura West

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