
La artista Xerach presenta el videoclip de “Pobre diabla”, una versión personal e intensa del clásico de Don Omar que transforma el tema original en una pieza queer, nocturna y bailable. La producción, dirigida y editada por Camila Cortondo, une música y danza en un mismo gesto físico y juega con distintas velocidades como metáfora del diálogo entre pasado y presente, creando una experiencia audiovisual que va más allá de la simple reinterpretación.
“Pobre diabla”, el éxito de Don Omar que marcó a toda una generación, encuentra en Xerach una mirada nueva, una lectura que actualiza su significado y lo sitúa en un contexto contemporáneo. La canción, que originalmente hablaba de esa contradicción de querer a alguien que sufre por quien no la merece, se convierte aquí en un tema intenso y bailable que transita del pop electrónico al reggaetón, con sintetizadores brillantes, bajos envolventes y una tensión ascendente que no da tregua.
La propuesta de Xerach se sitúa en la línea de artistas como Bad Gyal y Belén Aguilera, combinando la energía de la pista de baile con una profundidad emocional que rasca donde duele y, aun así, obliga a bailar. Es una canción queer y nocturna, pensada para esos momentos en que la música no solo entretiene, sino que también acompaña y da voz a experiencias que a menudo quedan fuera del relato mainstream.
El videoclip, producido por Parásito Films bajo la producción de La Mare, cuenta con la dirección coreográfica de Rocío Barriga y la danza de Claudia Bosch y la propia Barriga. La dirección de fotografía y color corre a cargo de Macarena Castro, mientras que la foto fija es de María Claudia Quiroz y el maquillaje y peluquería de Sarai Núñez. Un equipo técnico y artístico de primer nivel que ha logrado plasmar visualmente esa tensión entre pasado y presente, entre el deseo y el dolor, que atraviesa la canción.
Las distintas velocidades a las que juega el vídeo funcionan como metáfora de ese diálogo temporal, de esa conversación entre la Xerach de ahora y la música que la acompañó en otros momentos de su vida. La danza, protagonista absoluta, aporta una dimensión física que refuerza la idea de que esta canción no es solo para escucharla, sino para sentirla en el cuerpo.
Xerach, formada y becada en la prestigiosa Berklee College of Music, consolida con este lanzamiento un proyecto artístico que combina riesgo creativo, solidez musical y una identidad propia cada vez más definida sobre el escenario. Su capacidad para revisitar un hit histórico como “Pobre diabla” y convertirlo en un himno queer —una canción para quienes han amado a alguien que no puede o no sabe salir de donde le duele— demuestra su talento para encontrar nuevas lecturas en materiales conocidos y actualizarlos sin perder su esencia.
Esta versión no es solo un homenaje, sino una apropiación, una forma de decir que estas canciones también nos pertenecen, que también pueden contar nuestras historias. Y lo hace con una calidad musical y una producción impecables que no tienen nada que envidiar a las grandes producciones internacionales.
Xerach se encuentra inmersa en una intensa actividad de directos, con fechas confirmadas en los próximos meses. El 21 de marzo estará en Almacen Femme (Lanzarote), el 27 de marzo en el Auditorio Alfredo Kraus de Las Palmas de Gran Canaria dentro del ciclo Autoras, y el 29 de marzo en TEA Agaete (Gran Canaria). El 10 de abril compartirá escenario con Alice Wonder en Murcia, y el 18 de abril con Camela en Jerez.
El 19 de abril presentará su segundo disco, “Tú me quieres? Yo te adoro”, en la Sala Villanos de Madrid, una cita imprescindible para sus seguidores. En mayo y junio continuará compartiendo cartel con Camela en Guadalajara (15 de mayo), Salamanca (16 de mayo), Vitoria (23 de mayo), Logroño (30 de mayo) y Santiago de Compostela (13 de junio), para cerrar el 4 de julio en Tarragona, también junto al icónico dúo.
Con esta versión de “Pobre diabla”, Xerach demuestra que la música puede ser un espacio de reinvención constante, donde los clásicos encuentran nuevas vidas y las historias de siempre pueden ser contadas desde otras miradas.






